¡Cristo bendito!

By on dic 24, 2015 in Cortos de vista | 0 comments

Que se coma un buen polvorón el que esté libre de pecado y para el resto de los mortales vivos, entre los que me incluyo, propongo un mano a mano, y no hablo de pulsos, sino más bien de celebrar la unión en matrimonio entre la Sra. Mistela y el Sr.Turrón. ¡Amén!

Dicho ésto, reflexi-oremos…

¿Quién fue el primer osado en afirmar que “los milagros NO existen”?

¡Cuánto zombie anda sin rumbo, Dios mio! Deberían detener al creador de la desilusión y a todos sus discípulos, ¿no creéis?

Yo sí creo y ¡Sí, quiero! seguir creyendo, porque el que cree, crea, y no hay nada más hermoso que crear en la vida, bien sean milagros, fantasías, ilusiones o sueños y transformarlos en realidades auténticas. CreArte en vida, creerte vivo y quererte mucho es un instinto básico y cuestión de supervivencia.

En fin, eso es lo que os quería contar, que la vida ya es por sí sola el mayor de los milagros de nuestra existencia y hoy nos encontramos aquí y allí, reunidos, unos con otros, en familia, entre amigos y como buenos hermanos, celebrando su festividad por excelencia: la NaVIDAd.

Eso me ha hecho recordar una vez más que siempre me ha reconfortado el alma y el estómago regresar a casa en esta época, revivir lo pasado rodeada de seres queridos. Nacer una y otra vez en un entorno muy reconfortable, pero con conocimiento de causa y con previo aviso, sin parto, sin contracciones y en cierto modo sin dolor, al menos que no sea soportable.

El cierre del año para el sector más adulto es como una resurrección periódica de la niñez pero a plena conciencia, como un balance de pérdidas y ganancias donde se ponen en marcha nuevas estrategias de viabilidad, de vital importancia,  en las que poder aplicar nuevas técnicas que nos permitan vivir en superlativo.

Creer a ciegas en algo y alguien solo lo hace posible el amor, la ilusión, la confianza y las ganas, esas que lo pueden todo en la vida.

Siempre me han fascinado las alas, símbolo de libertad, y los renos voladores más todavía. Amo a su líder Rodolfo, ese guía con cierto toque de humor circense que ilumina cualquier viaje interestelar. Y que decir del abuelo Nicolás… ese santo varón bien nutrido, que para más inri es inmortal, y que desempeña a la perfección el papel de comandante de una Compañía de altos vuelos y sin limitación de equipaje para poder cumplir los sueños más enternecedores.

Y por último, ¿habéis coincidido alguna vez con los 3 supervivientes coronados?

Son unos colegas magos llamados Melchor, Gaspar y Baltasar. Ni Clark Kent con su súper malla, ni Marty McFly con su deportivo del tiempo, ni Angus Macgyver y su «know how» superan la categoría de aprendiz al lado de los reyes del mambo, porque esos tres nobles hipsters con capa llevan viajando por ahí toda una vida, año tras año, ida y vuelta, entre camellos y dromedarios con todo su séquito sobrecargado a niveles extremos sin más brújula que una estrella que les oriente. Eso sí, todo ese despliegle es por la mejor de las causas, según se dice, se cuenta y se comenta, andan buscando sonrisas por doquier, tarea que requiere de un arduo empeño y de una creciente dedicación con el paso de los siglos.

Fantasías aparte, en mi opinión de niña que anda por la vida perdiendo la horquilla de manera reiterada, creo que una flor marchita pero de raíz intacta merece ser revivida. Hay que re-mimarla y re-cuidarla con exclusividad para que inicie su despliegue y puedan florecer nuevos pétalos. Esa flor lo merece, todas lo merecen.

En definitiva, en eso consiste amar la vida y a los vivos que amas, sentirlo en su máxima expresión, reviviendo el espíritu navideño de antaño.  Más amor y menos exigencias, más ilusión y menos consumo, más pasión y menos quejas, más comunicación y menos rencor… ¡¡¡ Más vida en flor!!!

Porque yo me pregunto, ¿tiene sentido una vida sin sentido?

Pues la Navidad no es menos, así que disfrútala con todos los sentidos a flor de piel.

Huele a madera y sabe a canela, resuenan los cascabeles que te acarician el corazón y es entonces cuando, de repente, logras alcanzar una súper-visión sin filtros y en multicolor.

Espero que te pilles una buena… Navidad.

 

¡Y ahí va mi carta! dirigida a todos esos seres mágicos que todavía hoy perviven.

 

Paz, Salud y Gratitud

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